Arasanz Garcia

Navegante

Marruecos on the rocks.

De Alhucemas a la Suiza Marroquí, Ifrán.

Por Javier el 08 de octubre de 2017.

Un recuerdo de la playa de Alhucemas.Amanecido, el viento en calma, una ligera brisa acompaña al sol en su nacer diario, la humedad del mar llena mis cilindros y hace que el aire que nos rodea sea mas pesado. Parece que hoy será un buen día para montar en moto. Estando en estos pensamientos, mis circuitos se disparan al ver a Javier, se acerca sonriendo y con cara descansada, me dice en vos queda y suave:

- Vamos a comenzar la primera jornada de este alucinante viaje. Ayer en el "brifing", vamos en la charla de presentación del día de hoy, Toni nos comentó que seria una jornada tranquila pero con alguna sorpresa al final. ¡Ya veremos!.

Mientras estamos así, se acerca Adri, otro de los amigos del STAFF, y nos comenta la ruta que tenemos que seguir para ir a la playa a recoger arena, que llevemos la botella de vidrio presta.

Salimos una prima adventure, una hermana GS y yo misma con los respectivos pilotos dirección a la playa, por el camino me dice Javier que Alberto y Daniel son los moteros que llevan las motos de nuestro pequeño grupo. Bien avenidos, pasaremos el resto del día juntos. Tras un corto camino, llegamos a la playa y estacionamos, Javier baja de mis lomos y se dirige, junto a Alberto y Daniel, hacia la misma arena de la playa de Alhucemas, se agachan y llenan una pequeña botella de una fina y escurridiza arena gris, apelmazada como la harina.

Los valles del Rif.Tres amigos.Mezquita.

Javier va mas relajado, acometiendo las rotondas que parecen estanques de aguas quietas en donde puedes casi mirarte como un espejo, casi no tumbamos, intenta que el agarre de mis zapatos sea el mayor posible evitando los flancos. Mi electrónica está alerta, mientras Javier anticipa las erráticas idas y venidas de los vehículos, coches, taxis, carros, burros y viandantes que llenan las calles de pintorescas vestimentas, algunas personas van vestidas de "Europeos", otras llevas chilabas, tocados con gorro marroquí, Tarbush o Fez, de rojo intenso con un pequeño bonete. Las mujeres en las ciudades van a la europea y algunas llevan pañuelo cubriendo sus supuestas melenas.

Vamos ascendiendo y aparece a nuestra izquierda un lago enorme, la Presa de Abdelkrim al Khattabi da forma a un espacio de regadío, donde se pueden observar enormes masas de zaina, cereal y cultivos de gran rendimiento, según me dice Javier, esta parte del Rif es muy rica y con cosechas abundantes. Los padres de Javier Nacieron en Tetuán y han hablado muchas veces de la riqueza del Rif, sobretodo de la parte norte que fue protectorado español hasta el año 60. La enorme cordillera que crea una herida de norte a sur entre Alhucemas y Nador (Melilla), separa también las lluvias de oeste y este, haciendo de parapeto de las húmedas nubes que surcan de levante o poniente en las cercanías del estrecho./p>

Acometemos la subida de esta cordillera al este del Rif, paralelos a ella ascendemos en un sin fin de enlaces de carreteras rotas, llevadas por el trajín de enormes camiones cargados de forma sospechosa, algunos ladeados otros encallados en los ejes traseros, denunciando el enrome esfuerzo de unos motores que no se hicieron para tanta losa, pero que se diseñaron para aguantar.

Empezamos a entender como conducir, adelantamos en condiciones extrañas, algunos camiones nos dan paso con los intermitentes en curvas de linea continua, es el habito de la costumbre, que nosotros con nuestras recias leyes hemos casi abandonado. Te puedes encontrar un vehículoadelantando y tienes que cortar gas e incluso orillarte al arcén, éstos son de grava, piedra suelta sobre firme tierra, los arcenes no están asfaltados y las carreteras desaparecen y aparecen como los ojos del Guadiana, a veces circulas por una variante de piedra apisonada, otras de grava y pequeñas piedras machacadas, esa piedra que nos rodea, que inunda el horizonte y que esta presente en todo el viaje, "Marruecos on the rocks".

Siempre rumbo al Sur, seguimos ascendiendo por interminables puertos de montaña, aparecen montes de bosque mediterráneo, hiervas aromáticas y lentiscos y enebros y pinos y encinas, parece que estemos en Andalucía, quebradas cañadas dan paso a una altiplanicie después de rondar los 1370 metros de altura. Sobrevuelan nuestras cabezas, dos águilas de blanco plumaje, son pequeñas y parecen ser culebreras, relucen brillantes sobre el fondo azul del cielo, suspendidas por las corrientes ascendentes de las montañas, flotando entre los riscos que dan su sustento. El paisaje nos regala la vista de enormes llanos sesgados de colinas heridas por la intemperie, de vez en vez aparecen pequeñas construcciones muy cuidadas y con altos cimborrios, son los minaretes de las mezquitas, limpias, solitarias, luceros de una religión y de unas costumbres distintas, en ellas se escuchan los cánticos de las llamadas a la oración.

Atravesamos varios "oued", cauces de ríos, temporales, que atronarán de agua cuando llueva en las montañas, pero ahora están quedos y tranquilos, algunos con hilos de agua de no se sabe donde, en estos parajes angostos después de una verano demasiado largo. En la ribera de uno de ellos, Javier se me acerca y me susurra:

- Mira, Blanquita, unos granados y tienen frutos. Alguna semilla perdida dió con sus "huesos" en este remanso de tierra y le pareció fértil y germinó. Estos parajes son increíbles. Pasamos de los montes al llano, parece que estemos en La Mancha. Se ven olivos, pero no muchas viñas, aunque alguna hay. También he visto túmulos de arcilla, deben ser para almacenar y que fermenten las "hierbas y pajas" que servirán de alimento al ganado, silos con siglos de uso, cada terreno tiene sus recursos.

Entonces me fijo en unos abultamientos de barro, sobresalen de la tierra árida en la que riscan cabras y ovejas, aquellas negras, como deseando destacar en este paraíso del beis. Javier esta ahora relajado, hemos parado varias veces a hacer fotos y seguimos en este pequeño grupo, noto como me acaricia el manillar, casi sin esfuerzo, no parece una ruta muy transitada y las aldeas son diferentes, chiquillos pidiendo caramelos o dirhams, gente esperando en los bordes de la carretera a algún trasporte y casas de adobe, barro y paja, de ocres colores dan una imagen de indiferente tranquilidad.

Al pasar esta caravana de tres, los impertérritos ojos de los lugareños nos siguen hasta vernos desparecer en el vaivén del camino, seguirán después en sus faenas sin inmutarse, pero para nosotros serán un recuerdo de unas gentes admirables, que han sabido sacar rendimiento a lo poco que les ofrece su casi miseria y no parecen estar a disgusto con ello.

- Blanquita, admiro a estas personas, parece que son felices a pesar de tener tan poco, esto me hace pensar en nuestra opulencia, nuestro orgulloso estilo de vida, a veces despilfarrado estilo de vida. Me siento un necio sabiendo que la vida puede darte mas sin tener mas. Ahora entiendo lo que se dice cuando alguien exclama: "no se es mas rico el que más tiene, sino el que menos necesita."

Javier se deja llevar por entre estas largas llanuras, de pronto en uDescanso y tallin.n cruce, la carretera desaparece para convertirse en una pista de grava, noto a Javier incomodo, y reduce mucho la velocidad, engrana hasta segunda para acometer los kilómetros en este nuevo contexto. No sabe Javier que mi electrónica está preparada para ello, pero él no es una maquina, eso debo también agradecérselo, tiene miedos, sentimientos y pensamientos diferentes. Según avanzamos su confianza aumenta y engrana tercera y hasta quinta, para ir a punta de gas, la tracción es buena y podríamos ir mas deprisa, pero Javier se da por satisfecho.

Hemos abandonado las escarpadas montañas del Rif mas oriental, entramos en las llanuras que dan paso al Medio Atlas, también cambia el terreno, es llano y árido, pastorean los rebaños de ovejas y cabras. La pista de grava da paso al asfalto de la autopista que nos llevara a la puerta del Atlas.

Ahora vamos a buen ritmo, vamos dejando atrás valles de interminables siembras, arboles y arbustos saltean la fértil llanura, solo rasgada por los cauces secos y mudos de ríos moribundos por el estío. Después de rozar el norte del Parque Nacional de Takekka, próximo a Taza, seguimos avanzando en tierra firme, como dice Javier:

- Blanquita, esto si que es disfrutar, no los caminos de cabras por los que me has sabido llevar como nadie, gracias por seguir cuidando de mi. Que paisaje, las ciudadesparecen pintadas en el suelo, casi no hay sombras de lo bajitas que son las casas.

En la lejanía se observan las formas caprichosas del embalse de la presa de Idriss 1º, nuestro camino nos lleva a la provincia, bueno prefectura, de Fez-Boumalne. Seguimos por terrenos de labor y arboles frutales, pero hacia el Sur-Oeste entre colinas, se va agrandando un macizomontañoso, se yergue por encima del horizonte, como orgulloso de su existencia. Según dice Javier vamos en esa dirección.

Salimos de la autopista y entramos de nuevo en carreteras bien asfaltadas, tomamos rumbo Sur, dejando Fez al norte. Avanzamos a ritmo de los adelantamientos que podemos hacer, vamos zigzagueando entre camiones, coches, algún que otro burro, carromatos y motos, topamos con cerros cada vez mas abruptos y empezamos una ascensión suave, entre colinas de cedros y enebros. Hace una temperatura agradable y se agradece en esta parte del viaje. Tal y como se conduce es muy difícil que no haya alguna colisión, y en el camino vemos un incidente, todo es caos a su alrededor, muchos vehículos detenidos, parece que todos están bien y lo mejor es no seguir aumentando el riesgo de otro más, así que Javier decide no parar, ya hay demasiada gente "actuando", lentamente con cuidado pasamos entras las hileras de motores calientes, los de los burros no paran, y continuamos la marcha.

Me sorprende la presencia de los puestos o controles de la policía, pueden estar en las aldeas, las rotondas, en salidas de curvas, hemos visto varios hoy y todos están marcados con una señal extraña, aunque parecida al "stop". Javier se detiene y en general no hace falta ni pararse porque el agente da paso casi inmediatamente cuando nos ve.

Pistas en Ifrán.Más pistas.Casi sin darnos cuenta hemos pasado Ifran, Javier disminuye la velocidad y se yergue por encima de mi pantalla derivabrisas, parece que está buscando algo en la carretera, en el cruce de un camino observamos un grupo de motos, son amigos de Javier y entramos con ellos, tras una breve pausa para aclarar el camino a seguir, tomamos la senda que nos marca el "roadbook", de forma pausada vamos pasando las dificultades del camino, ascensos y descensos que hacen que Javier se "amarre" a mi deposito con sus rodillas, le noto muy tenso para el terreno en el que estamos, pero es la primera vez que salimos del asfalto para entrar en pistas y caminos, yo estoy muy atenta a las irregularidades del terreno, vamos en modo "enduro" y poco a poco nos quedamos atrás, vamos con lentitud eligiendo el mejor paso posible... de pronto un paso difícil y la catástrofe... mi zapato trasero resbala al saltar una piedra encastrada en el suelo deslizante, caemos de costado izquierdo y mi alegría pasa a ser desesperación, no noto a Javier sobre mi, no lo veo, no se como ni donde está, mi electrónica está atenta a todo, pero son segundos que parecen años... busco y busco pero no puedo moverme ni ver... con alegría contenida, veo a Javier cojeando de su pierna izquierda y señalizando al resto de vehículos, de amigos, que hay peligro de accidente.

Son unos segundos que no quisiera repetir, me siento descorazonada, ¿como estará Javier...?, ¿habrá fallado mi electrónica?, ¿que ha pasado?, intento desconsolada observar como está, aún estoy tumbada de costado, pero Javier se acerca para levantarme y entonces Diego, Javier me dijo luego que es un periodista y motero muy experimentado, se acerca y ordena a Javier que descanse, es una orden amistosa, casi cariñosa, con brío entre varios amigos de Javier, me levantan del suelo y me colocan fuera de la trampa en la que estamos, me hacen rugir, mis cilindros retumban para comprobar el estado del motor, yo se que está todo bien, pero prefieren asegurarse. Mientras Javier pasea a mi alrededor, como comprobando su píe, los amigos le dicen que descanse un poco, tras unos minutos, asciende en la suave colina en donde nos hemos caído y vuelve a montarse en mi, me reconforta sentir su peso, me alegro de tenerle encima, de sentir los músculos tensos sobre mis costados. Con más apuro que pericia vamos sorteando los obstáculos que nos aparecen y seguimos camino, solo voy pendiente de Javier, parece que el horizonte no existe, ni las piedras, ni los pastos que nos rodean tienen ahora importancia. Llegamos a una cuesta de arena y piedra, y nos encallamos, con tozudez y valentía Javier comienza a dosificar el embrague y el acelerador, noto como la temperatura de nuestros cuerpos sube y comienzo a poner el electro-ventilador, se conecta y desconecta varias veces, pero Javier sigue insistiendo, como a saltos, de poco en poco, ascendemos por fin y tomamos entre cedros el camino que nos llevara al punto de sellado. Detrás el coche de cierre de la organización, que nos acompaña este último tramo del día.

Javier estaciona cerca de otras hermanas que están allí, cuando se quita el casco un chorro de agua sale del mismo y cae sobre mi deposito, no percibo sabor ni olor, pero siento como estamos los dos un poco distanciados, me siento desolada. Javier se acerca después de sellar el "otro" pasaporte y tras unas miradas y comprobaciones, se acerca a mi deposito y entre la multitud me susurra:

CP en el monte de los Cedros.- Blanquita, eres increíble, por los parajes que has sido capaz de meterme, la caída es un anécdota de mi inexperiencia, mi ignorancia ha dado con nuestros huesos en el suelo al tratar de pasar por un sitio imposible, la verdad es que estoy orgulloso de ti... No puedo dejar de asombrarme de tus capacidades, tu robustez y la cálida acogida de tu mullido sillín. Por suerte no te has hecho nada, ahora cuando lleguemos al hotel, miraremos mas concienzudamente...

Se sube torpemente a mi sillín, noto como le duele la pierna, pero seguirá a delante, estoy emocionada, nunca Javier me había tratado así, he sentido algo muy parecido a estar viva.... ¿quizás lo este al menos para él?. No hago más que estar pendiente de Javier, acabo de perder el gusto por lo que él admira, el paisaje, las gentes, las calles... todo parece gris y oscuro. Mientras estoy sumida en mis pensamientos, con toda la electrónica en posiciona de alerta, despacio y sin mas sobresaltos, llegamos al destino, entramos por el arco de llegada y Javier se baja y habla con Jhonny, es el mecánico del grupo de amigos que estamos viajando por Marruecos.

Una revisión concienzuda, atentamente aprieta los espejos, las manetas y mira el ajuste de tornillos, frenos y otros dispositivos, con mirada experta, vista profunda, asaetea mi cuerpo para buscar efectos de la caída. Nada, algunos ajustes y poco más. Javier entonces coge los bártulos y desaparece para tomar un más que merecido descanso.