Arasanz Garcia

Navegante

Del desierto al Atlántico, de los valles a las montañas y sin incidencias.

Del Campamento BMW a las playas de Agadir. Largas rectas de carretera y calabazas.

Por Javier el 16 de octubre de 2019.

Amanecer en Agdz, en l campamento.

Son las 9:23 minutos de una limpia mañana en Agdz. Suenan los roncos cilindros de maquinas de hacer kilómetros y retumban en las llanuras y las piedras del campamento de BMW, las haimas se estremecen nos nuestros bramidos. Empezamos otra aventura y salimos del arco que marca el comienzo de la jornada, tomamos hacia la izquierda, para llegar a un CP sin sellos y volvemos sobre nuestros pasas con el contador a cero y siguiendo las indicaciones que Javier descifra en las viñetas del roadbook.

Salida de Agdz.Entre amigos y Oasis.Ponemos rumbo 270º, en dirección al mar Atlántico. Cinco formamos el grupo, los mismos que terminamos en el día de ayer, Edu, Paco, Rodrigo, Nicasio y Javier, acompañados por la izquierda de una linea de alta tensión y por la derecha de un pequeño oasis de un arroyo que aparece y desaparece de nuestra vista, como siempre, cerca de la humedad de un pequeño cauce, la vida explota en verdes artificios que destacan sobre el ocre de las montañas.

La llanura alomada que surca esta bien asfaltada RR-108, presenta los tonos rojos y marrones de las tierras del sur del Atlas. Salpicada de acacias y de peñotes, la carretera negra, lisa y recta, con alguna curva obligada por desniveles o cauces y cerros de roca, se perfila sobre el fondo ocre del horizonte. Las montañas que nos rodean parecen triángulos o pirámides de tierra y piedra entrelazados, con cúspides puntiagudas y laderas pronunciadas. Los llaneros solitarios avanzamos a buen ritmo, las acacias solteronas nos miran con cierto aire de envidia y tiritan sus aceradas hojas a nuestro paso. Javier adelanta y se deja adelantar mientras indica al resto de los amigos del grupo que le pasen o le dejan pasar, con la cámara encendida, vamos tomando imágenes de lo que nos rodea y mientras la vista se pierde en el infinito mar de montañas, la carretera sigue jugando con el cauce que nos dirige ahora al suroeste, a veces se levanta polvo a nuestro paso, el viento y las ocasionales lluvias de días atrás han inundado de sedimentos la marcada carretera.

En una sucesión de eses, raras en los llanos que nos acogen, en el fondo de un cauce seco, se divisan un grupo de lo que fueron palmeras, Javier se me acerca al deposito y con voz extrañada me dice:

- Blanquita, parece que el picudo esta haciendo de las suyas por esta tierra, de la media docena de palmeras de este recodo del cauce, solo dos tenían alguna que otra hoja, tres troncos famélicos, como postes de luz y el resto en el suelo, moribundas las palmeras y resecas las juncias. El desierto parece aliarse con el picudo para hacerse fuerte en cuando puede.

Lentamente hemos ido ascendiendo de los 960 metros, ahora en una empinada ladera hacemos el primer tope del día con 1470 metros. La pintura del eje de la calzada ha desaparecido y los arcenes vuelven a tener esa indefinible linea entre la grava y el asfalto a la que estamos ya acostumbrados.

Minas.Entre cauces, valles y montañas.Primer CP y el mercado.En la bajada pronunciada de esta RR-108, con desniveles de 9,5º, se divisa una explotación minera, llama la atención el fondo blanquecino del gris material. Montañas apiladas de tierra roja y ocre bordean las formas curiosas de la mina abierta. La carretera de precipita a un profundo valle entre laderas de roca, los laterales de la carretera se angostan por las montañas. Las laderas se perfilan y aparecen formaciones pétreas de verticales paredes ocres, predomina el marrón que inunda la carretera. Desaparece el asfalto y el cemento y el piso se convierte en una especie de pista de amalgama compacta de piedras y tierra. El cauce ahora seco, se mezcla con el fondo de los sedimentos de la pista y se pierde la referencia entre ellos por momentos.

Abandonamos el angosto paso y aparecen los falsos llanos que vuelven a picar hacia arriba, las laderas se separan lentamente. Dejamos a nuestra izquierda el cruce de la RR-111 y seguimos por nuestra carretera, ahora otra vez engalanada de pintura y oscura como la noche. Las acacias se han ido dispersando y ahora hay que hacer un esfuerzo para ver su silueta recortada sobre la tierra de las laderas, plantas crasas, bajas, como temerosas de alzarse al cálido sol del medio día, salpican los fondos de los taludes y de los resecos cauces de invisibles arroyos.

Como novedad adelantamos a unos vehículos en la solitaria carretera, largas y ascendentes rectas se marcan en nuestros faros, como si estuviéramos peinando el campo con una franja imaginaria que los separa en dos partes iguales de cantos tristes de piedras solitarias. Nuestros cilindros no desfallecen ante tamaña soledad, mas bien sentimos el aliento del viento fresco en nuestros aceros, la brisa acaricia nuestros plásticos y Javier se acomoda sobre mi, parece disfrutar de la soledad que nos da la compañía de los cinco amigos de viaje.

Volvemos a un estrecho paso entre montañas y otra vez, a la monótona llanura ascendente en la que se convierten los tránsitos entre gargantas y congostos. Dejamos a nuestra derecha el cruce con la RP-1507, hasta llegar a la RN-10 en Taznakht. Paramos en el pueblo y un sellado en el CP entre un tumulto de mercado, granadas, manzanas y olores a pan y especias mezclados con el humo de los anafes y barbacoas.

Salimos de la población rumbo 242º , entramos en unos llanos que ascienden suavemente, pasados 50 Km nos hemos elevado a la cota mas alta del día a 1855 metros. Empezamos un descenso, prolongado, que nos llevará hacia el mar. Nos siguen rodeando tierras yermas de plantas escasas, de tarde en tarde una agrupación de huertos y arboleda flanqueadas por casas de adobe con sus gentes laboriosas que viajan en motos desvencijadas, carromatos y sobre todo burros, las aldeas parecen detenidas en otro tiempo, como si al tiempo le costara atravesar estas montañas para traer otros estilos de vida, quizás ya estuvieron aquí y las gentes renunciaron al mismo.

De repente algo empieza a cambiar, algunas laderas se visten de arboles bajos, como achaparrados de un tono verde terroso, todavia en pequeñas afloramientos, pero isibles sobre el fondo ocre de las laderas. Parece que abandonaos el desierto y entramos en otro habitat diferente. Javier, que esta pendiente de todo lo que nos rodea, me exclama:

- ¡Mira Blanquita, son arboles de argán!. Bueno es decir, arbustos de argán, estas plantas generan el famoso aceite, tiene unas púas como las de las acacias.

Arbustos de Argán.Cabras comiendo Argán.De cuando en cuando aparecen vestidas de argán las laderas y el monótono desierto da paso a unas estepas requebradas con arboles salpicados. Entre ellos aparecen olivos y algunas encinas. Entramos en una pronunciada bajada con curvas y revueltas que vienen a variar las aburridas rectas que acabamos de dejar atrás y alcanzamos el rio Zagmouzen dándonos paso a la población de Taliouine, en esta hacemos una parada y los riders nos dejan para en la sobra del techo de un café, descansar y reír en compañía.

Han pasado 40 minutos y vuelven los riders, arrancamos y retomamos nuestro camino por la RN-10, vamos dejando el oasis que forma el rio a nuestra izquierda y bordeamos la franja entre la llanura del cauce del rio y las laderas de las montañas que lo contienen. La carretera en obras nos acoge con grava y tierra que atravesamos mientras el fino polvo se levanta apenas unos centímetros a nuestro paso, en sus postrimeras crecen algunos eucaliptos que salpican de sobras alargadas la calzada. Seguimos paralelos a los meandros del rio durante algún tiempo, para terminar en una recta enorme que se pierde en el horizonte, allá donde las montañas le intentan prohibir su paso.

Definitivamente hemos entrado en otro Marruecos, las laderas vestidas de arbustos de argán, que motean de sombras las tierras de fondo ocre y en los vallejos se apelotonan adelfas y cañas, mientras rebaños de ovejas y cabras pastorean entre los arbustos. De pronto Javier me comenta:

- Mira Blanquita, el arbusto de argán esta tomado de cabras triscando y comiendo.

Por el rabillo del alargado faro, pude observar como era cierto, las cabras encalomadas a lo mas alto del robusto tronco del árbol, mordisqueaban las hojas de argán, desafiando las enromes púas que el pobre árbol porta para que no se lo coman, de poco le han servido de momento. Estamos a casi 170 Km del enorme Atlántico, pero tenemos la sensación de que su influencia llega hasta aquí.

Parada en el CP de Agadir.Siguen las laderas y los cerros, la carretera de buen asfalto y poco trafico, apunta siempre en dirección oeste, las montañas empiezan a separarse dando lugar a grandes llanuras salpicadas de vegetación. Abandonamos la RN-10 para seguir nuestro camino y hacerlo coincidir con la RP-1706, entre sus llanos parecen enromes extensiones de plantas de calabaza, entre ellas según me ha dicho Javier, las sidras o calabazas del cabello de ángel, con sus flores amarillas como trompetas. Entre las extensas llanuras de calabaza, olivos y manchas de álamos y adelfas. El verde destaca ahora y predomina sobre el ocre del suelo. En pocos Kilómetros acompañamos en su curso al rio Souss. Se advierten terrenos de labor, siembras entre cercados de ciprés, huertos de arboles frutales y plantaciones de olivos. Parece que entramos en una zona de producción agrícola, las fértiles llanuras regadas por la humedad del remoto mar y de las aguas del rio dan sus cosechas para el bien de las gentes que las habitan.

A la altura de Tazemmourt abandonamos la RP-1706 para después de una serie de desvíos y cruces, desembocar en la RP-1714, una autovía desdoblada que nos llevara a buen ritmo hasta la entrada de Agadir. Nos acercamos a la playa, nuestro destino esta cerca del mar, relaja el azul del mismo en los destellos que se pueden ver entre casas y vehículos. Entramos en la explanada del garaje del hotel y allí aparcamos. Una temperatura agradable y húmeda nos rodea. Javier desmonta los dispositivos y después de echarme una mirada que casi me sonroja, marcha en dirección de las puertas del mismo, para perderse en su interior.

Quedo semiconsciente, soñando con las cabras alpinistas, los oasis y las calabazas. Mañana será otro día, aunque no lo parezca, quiero disfrutar de este descanso, me permite recordar las curvas y los recodos del camino de hoy.

Playa de Agadir.