Domingo 15 de octubre de 2017, las 10:42 de la mañana, mientras la ciudad se despereza, algunos gorriones buscan migajas de pan entre las rayas del asfalto. Javier aparece con las bolsas en las manos, bamboleándose como el cereal en los dias de viento, se me acerca y mientras coloca las bolsas en las maletas y prepara el baúl, me explica:

Salida desde Melilla.- Mientras desayunaba, en la recepción del hotel me estaban gestionando el billete del barco, salimos a las 12:30 para Motril, llegaremos sobre las cinco de la tarde. Así que para no quedarnos en tierra por segunda vez tenemos que salir para el puerto, la verdad es que está muy cerca, pero como habrá mas amigos allí, pues no estaremos esperando solos, podremos charlar un poco.

 Sin mas dilación, ponemos rumbo al puerto, al que accedemos en pocos minutos, son las 11:25 cuando estamos ya preparados, junto con el resto del grupo, para entrar en la bodega del barco. Embarcamos y ahora Javier me susurra:

- Ya estamos a bordo Blanquita. Esperare a que te amarren y me iré a descansar, hoy también será un día largo, pero estamos en el buen camino.

 Son las 17:16 horas y abandonamos el puerto de Motril para dirigirnos a casa. En el camino nos encontramos a Alberto y haremos el camino hasta Madrid juntos.

 Todo me parece monótono, si no fuera porque seguimos en marcha estaría con mis cilindros atascados, como llenos de algo parecido a la nostalgia, me queda la ilusión de seguir con Javier otro viaje más.

En el barco. Entre curvas, abiertas, sinuosas, llegamos a Granada, mientras el sol se dispone a despedirse para dar paso a la inerte oscuridad de la noche. Avanzamos a buen ritmo y llegamos a Despeñaperros con las ultimas luces del día. Siento como una presión, noto a Javier distante, como si algo de él se hubiera quedado en Marruecos, quizás yo también esté allí. Con el cansancio que nos acompaña y la nostalgia entramos en los llanos de La Mancha, el viento lateral nos empuja y vamos de lado sorteando coches y camiones, la carga perfecta, todo oculto, todo tan controlado… me embarga un sentimiento extraño, recordando los camiones con la carga sobresaliendo por el costado, invadiendo la calzada contraria, con vaivenes peligrosos que ya no aparecen detrás de una curva, como escondidos esperando nuestra llegada. Todo parece mas civilizado, no parece que nada te sorprenda, seguimos con el viento lateral fuerte como única nota del viaje.

 Suena mi voz, estruendosa, aguda, como un silbato desgarrado por el viento que nos rodea, Alberto nos saluda desde su montura…. Casi hemos llegado, pero a él le espera un largo viaje aún. Una callada despedida, una bocanada de aire de ciudad y hasta siempre Alberto.

 

EPILOGO.

 Acabamos de llegar al garaje, son las 17:15 horas del día 31 de Octubre. Los amigos de Rolen me han cambiado mis zapatos, ahora parecen unos “martinelli”, como me dice Javier con su eterna sonrisa, estoy limpia, revisada, a punto para otra aventura.

 

Mis amigos de Rolen me llaman Blanquita, ya no soy 4226JDS, gracias….