SEGUNDO TRAMO. Desde Valladolid a Guadalajara.

Como ayer, serian las 8:30 cuando Javier apareció con la bolsa de viaje, ya me he acostumbrado a su liviano peso. Partimos en dirección al parque cerrado.

Serian las 8:50 cuando después del sellado y de que Javier y Jorge hablaran de la ruta del día, con la humedad de una noche de lluvias copiosas, mis cilindros se llenaron de lo vapores del agua en suspensión para descargar un torbellino en mi interior, resuenan mis cilindros en la bulliciosa explanada del paseo de Recoletos de Valladolid. Partimos pasando por debajo del arco de la salida, cero en el cuentakilómetros parcial y empezamos a seguir las indicaciones del “roadbook”, mientras tanto, con una sonrisa, nos despiden en Valladolid.

PeñafielSalimos de la ciudad paralelos al rio Esgueva, para en la población de Renedo de Esgueva, tomar en dirección al Duero. Llegamos casi a besar sus margenes en Olivares del Duero, a su lado las dulces viñas, formadas de tallos verdes y de hojas que poco a poco esperan la llegada del cálido verano. Seguimos por el aclamado Duero, viejo, como la Castilla que abre en canal, para llevar las aguas en su incesante trasiego, entre pueblos y ciudades, regadas de agua y tintos, Javier se me acerca y entre sonidos del viento que nos lleva y acaricia exclama:

- Mira, “Blanquita”, al otro lado estuvimos no hace mucho degustando los caldosos frutos de este serpenteante Duero, este corte en la tierra de labores de las Tierras de Campos de nuestro inmortal Machado.

Entre viñedos y bodegas damos con nuestro aliento en Peñafiel, atrás queda Olivares, Valbuena y Pesquera de Duero. Debajo del Castillo paramos en una gasolinera, repostamos fuerzas con otro liquido elemento y Jorge y Javier buscan un bar para un desayuno frugal y necesario. Partimos en pos del Duero, como acompañándole en su periplo por las tierras de labores, ahora verdes de esperanza de los cereales que granan en su alomadas siembras, húmedas de las lluvias recientes.

Seguimos camino a Roa para bordear Aranda de Duero por su norte, enfilando dirección Soria, entramos en tierras del rio Gromejón. Se salpican las siembras de bosques de caducas y manchas de monte bajo, los bordes de las carreteras se visten de amapolas, isátides y gramas. En Gumiel de Izán, tenemos el pincho del día que la organización del evento nos ha preparado, dentro de las instalaciones de Bodegas Portia, diseñada por Norman Foster, edificio que merece la pena visitar. Después del ligero bocado, con un refresco, salimos de las bodegas para seguir la “ruta del tinto” que llevamos desde la salida de Valladolid. Jorge y Javier vuelven con una sonrisa colgada en sus rostros, y partimos.

Rio LobosPasado Villalvilla de Gumiel abandonamos la cuenca del Gromejón, para atravesar la del rio Bañuelos en la población de Baños de Valdearados y terminar en la vega del Aranzuelo, en la población de Hontoria de Valderadados. Ponemos rumbo a Arauzo de Torre y Arauzo de Salce y en Arauzo de Miel, formamos una hoz para enfilar hacia Huerta de Rey y seguimos entre las tierras de Soria, por monte espeso y quebrados llanos, para llegar a las proximidades de San Leonardo de Yagüe. Es una agradable curiosidad que hace apenas tres fines de semana, en una de nuestras salidas, hayamos estado por las mismas tierras que ahora ven pasar el desfile de motos del evento.

Es casi obligado, desde aquí, pasar a visitar el rio Lobos, que da nombre al cañón. Desde el mirador del Rio Lobos, se puede apreciar la enrome erosión que el tiempo y el agua han infligido a esta zona, es una maravilla poder verlo desde las alturas, se divisa al fondo la Ermita Templaria de San Bartolomé, ya hemos estado antes, pero sigo admirando este paisaje y mi chasis de metal se estremece y siento en mis plásticos correr una gota de la humedad condensada…

Unas enromes eses en la carretera non llevan a Ucero, en una caída abrupta, una especie de muelle comprimido para darnos la posibilidad de seguir admirando el paisaje que nos rodea. En Valdemaluque tomamos una pista que nos llevará hasta El Burgo de Osma, donde hay un punto de sellado en en interior de la ciudad amurallada, regada por el rio Ucero. Sus margenes, invitan al paseo, y las calles medievales a la tranquilidad y la reflexión. Hemos pasado muchas veces por estos parajes y me siento como en casa. Jorge y Javier entran en la amurallada ciudad y sellan los pasaportes, también toman algo ligero, unos torreznos de la zona para hacer honores a una de las delicias culinarias sorianas. Con una enorme sonrisa, Javier se monta a mis lomos y salimos por el margen del rio Ucero, que se alimenta con el Abión para incrementar su hermosura.

Burgo de OsmaNuestro destino no termina en esta medieval villa y San Esteban de Gormaz nos da paso a las carreteras que en una vuelta hacia atrás, nos llevan a Riaza. Dejamos Ayllón al Norte y atravesamos sus sierras, para ya en Riaza tomar una carretera de montaña, llena de quebradas sierras y dentadas cumbres en dirección a Majaelrayo. Atrás quedan el Hayedo de la Pedrosa antes de hacer cumbre en el Puerto de la Quesera de 1710 metros. Se comprimen mis cilindros ante tanto despliegue de naturaleza, de vivos colores verdosos, de aliento casi tumefacto de la humedad que nos rodea, en algún recodo de las largas umbrías quedan agrupados blancos garbanzos de hielo de la fría lluvia de la madrugada.

Pausadamente, regocijándonos en los verdes valles y sierras, avanzamos en la estrecha carretera. Pasamos el punto mas alto de nuestro camino a 1750 metros y comenzamos el descenso por laderas de abrupta pendiente, curvas con mucho desnivel y casi sin darnos cuenta nos encontramos en la cercanías de la ciudad encantada de Tamajón, formaciones kársticas que han esculpido imágenes y fantasmas en las eternas rocas calizas.

Avanzamos por carreteras que cada vez se hacen mas anchas y pasamos por localidades cercanas a nuestro destino, al final del camino, ascendemos por el centro de la ciudad para rematar el fin de esta maravillosa etapa… llegamos a la Plaza Mayor de Guadalajara. Pasamos el arco de llegada y Jorge y Javier, con una enrome sonrisa por el camino recorrido, se alejan para sellar el pasaporte. Unos instantes después aparece entre la multitud de moteros y motos, Javier, casco, guantes y arrancamos. Tomamos camino hacia el hotel, pero… ¿que es esto?, salimos de la ciudad y tomamos camino conocido… terminamos en casa media hora después. Javier en el garaje me dice:

- Dormimos en casa “Blanquita”, mañana partimos temprano que hemos quedado ya con Jorge para continuar nuestro periplo por España.

Desaparece por la puerta de garaje y quedo tranquila, excitada por lo que nos queda aún…