UN MILLAR DE SONRISAS. Punta a Punta España 2018.

Serian las 7 y algunos minutos de la tarde cuando entreví a Javier acercándose a la plaza de garaje del oscuro sótano que me protege de las inclemencias del tiempo. Era el día 15 de mayo de 2018, hoy parecía todo diferente, muchos coches habían permanecido en el garaje, lo mismo era alguna fiesta en Madrid.

No sospechaba que venia hacia mi, con lo que seguí en mi duerme vela constante, cuando de pronto estaba a mi lado, aflojando el tapón de la válvula del neumático delantero.

- Blanquita, hay que revisar los neumáticos, que hace casi dos meses que no los miramos.

Su comentario me hizo esbozar una cariñosa sonrisa, llevo control de presión en los neumáticos y el sabe que están bien… pero bueno, a revisar. Con la bomba de pie y el manómetro de presión ajustó las presiones de ambas ruedas y paseando su mano por el sillín, se alejo calladamente. Una sonrisa especial colgaba de su faz serena. Me desconcertó un poco, porque sabia lo que significaba esta sonrisa, un viaje, una salida o una jornada al aire libre. Es una sonrisa especial, es la sonrisa de hacer algo que esperas, que deseas y ademas quieres mantenerlo para ti mismo, como un eterno secreto.

Volví a sumirme en mi duerme vela, no sin sentir un jubilo en mis circuitos. Quizás salgamos mañana… era para estar alegre. Así pase la noche.

A la mañana siguiente, a las 6:30 de la mañana, apareció Javier con el baúl y una bolsa… esto era nuevo, no habíamos ido con bolsa nunca. Comienza la rutina de costumbre y estando ya en posición de salida, me coloca el baúl y amarra la bolsa sobre el asiento del pasajero, me sentía muy coqueta, estilizada y ligera. Me gustó el atavío que llevábamos. Partimos hacia el centro de la ciudad, al trabajo de Javier, saldríamos en ruta después de la jornada de trabajo, estaba inquieta y un poco desasosegada pero con ilusión expectante. Como siempre aparcamos con cuidado en la acera, ancha acera de la plaza. Allí Javier quito la bolsa y desapareció detrás mio para alcanzar el edificio donde trabaja.Camino de Avilés.

Serian las 13:00 cuando apareció Javier, ataviado, preparado y con la ilusión en forma de enrome sonrisa en su cara, con ojos brillantes de alegría me dijo:

- Blanquita, derechos a Avilés, que nos espera un Punta a Punta para recorrer España, otra aventura a tus lomos.

Sabiendo que eran varios días de kilómetros, cuando Javier acaricio el botón de arranque, con una alegría descontrolada, con un ronroneo del motor, mis dos cilindros empezaron a bailar al unisono con una sintonía alegre, y casi sin darme cuenta, abandonábamos la acera para poner rumbo a la M-30. Era noche ficticia en los oscuros caminos subterráneos que circunvalan Madrid, avanzamos los primeros kilómetros en dirección noroeste y lentamente alcanzábamos la A-6 por la que dejaríamos atrás la gran urbe.

Llegamos al peaje del la autopista AP-6, pero Javier tomo el desvío del Alto del León, un temblor recorrió mi bastidor de acero, entrabamos en curvas y dejábamos por el momento la monótona autovía que tanto nos había hecho avanzar. Llevados por la ilusión, fuimos por la variante hasta volver a encontrar la A-6 en Adanero. Algunos grupos de motos nos adelantaban y nos enganchábamos algún trecho detrás de ellos, para llevar compañía.

Creí que el viaje terminaría a través de interminables rectas de aburrida autovía, pero al llegar a León, tomamos en dirección al Puerto de Pajares con sus 1372 metros, que parecía esperarnos. La tarde era acogedora y nos íbamos acercando a nuestro destino, el parque cerrado de Avilés.Repostando.

Serian las 6:30 de la tarde cuando entramos en el parque cerrado, ahora quedaban los “papeleos” como dice Javier, presentarse en la recepción del evento, coger el pack de bienvenida, los dorsales y pasar el control de verificación mio. Casi estallo en una carcajada cuando en la revisión el responsable del STAFF le dijo a Javier que no era su moto… había dado la matricula del coche, que despiste. Todo se arreglo con una sonrisa y terminamos la verificación.

- El numero 61, Blanquita, ya casi no nos preocupa el dorsal, ¿verdad?.

Tomamos rumbo al hotel y entramos en el garaje, allí quedaría con la ilusión de empezar una ruta al día siguiente, mientras dormitaba, atravesaba mares de nubes rodeada de un cielo azul, claro y nítido.

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