PUNTA A PUNTA 2019. Orballu, íberos, viento y silencio.

Podría haber comenzado con las palabras “diario estelar de la nave enterprise”… pero poco sospechaba yo que estando sumida en mi eterno duerme-vela, con el garaje medio vacío y en un anodino día de diario, vería salir a Javier por la puerta del garaje, vestido de “romano” y con las maletas a rastras. Sentí una alegría incontrolada, una sensación de bienestar recorrió cada una de las soldaduras de mi electrónica, un escalofrío atravesaba mi estructura tubular y vibraron mis plásticos de la emoción.

Con voz de emoción contenida, me dijo:

- Blanquita, ya estamos metidos en otro “fregao” de los que nos gustan tanto, vámonos a La Coruña, que comienza el puta a punta de España, imágenes, curvas y kilómetros de amistad. Hemos quedado con Jorge en Villalba y desde allí iremos en muy buena compañía.

Jorge y Javier camino de La Coruña.Mientras hablaba, me había desatado de las férreas compañeras de hormigón que forman las columnas del garaje donde habito. Con cariño, casi como acariciándome, me saco del angosto pasillo y fue colocando las maletas en sus soportes, para terminar con el baúl. Por ultimo la consabida liturgia de las protecciones, se calo el casco y calzo los guantes.

Con sonido bronco, mis cilindros se desperezaron del largo letargo y los ecos sonaban reverberando en las oquedades del lúgubre garaje, despacio avanzábamos hacia la salida, la puerta a medio abrir señalaba la luminosa mañana. Serian las 12:15 cuando abordamos la primera curva de las muchas que tendríamos que disfrutar en este viaje, las calles se sucedían para terminar en la M-45, que enlazando con la M-40 nos llevaron a la A-6 para nuestro agradable reencuentro con Jorge.

Salimos de Villalba ya juntos, Javier y Jorge se habían saludado efusivamente y tras una puesta en común de la ruta a seguir, nos incorporamos a la autopista. Pasamos el peaje de los túneles de Somosierra y enfilamos hacia Valladolid bordeando Ávila y Segovia en nuestro periplo.

Tierra de campos de verdes espigas luminosas y de flores marchitas de colza, iban alternándose con las hileras de vides, salpicadas de laderas de monte bajo. Allá donde no entran las rejas del tractor, allá, se ven los refugios de las silvestres plantas que dan color y aroma en los campos.

Entre León y GaliciaSiempre a buen ritmo íbamos entrando en León y con los brezos y robles en las faldas de los pronunciados montes, sorteando las rápidas curvas y volando en los viaductos de a A-6, enfilamos nuestras ilusiones hacia La Coruña. El viento fresco y agradable se colaba de rondón en mis cilindros y las miles de explosiones nos acercaban cada vez mas a nuestro destino, los molestos insectos cubrían mis ojos y deslucían mi figura, pero poco importan estos nimios detalles ante tamaña ventura que nos esperaba.

Estando en estos pensamientos y después de una parada de repostaje y porque no decirlo, de meticulosa limpieza de la pantalla y del faro, gracias Javier, llegamos a La Coruña, en una radiante tarde, soleada, con una templada brisa, nunca el clima nos dio tan agradable bienvenida.

Un parque repleto de motos y de muchos amigos, reencuentros, saludos y las formalidades del evento, una revisión, las pegatinas con el dorsal y la presentación del evento, todo pareció sucederse casi sin aviso. Terminadas las cuestiones formales, no quedaba más que marchar en pos del sueño de los días venideros, que tan merecido lo teníamos. Javier subió al hotel y yo quede sola aparcada en la calle. Mis emociones seguían recorriendo todos mis plásticos….

Parque cerrado en La Coruña.

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